Relaciones correctas, emociones muertas

“El amor es una relación que se rehace constantemente entre dos seres que se destruyen y se recrean uno al otro” .

— Jessica Benjamin

Queridos(as) lectores(as):

Hay algo que empieza a volverse sospechoso en muchas relaciones actuales —y no es el conflicto, ni la intensidad, ni siquiera el dolor. Es, más bien, la ausencia de todo eso. Vínculos tranquilos, respetuosos, “maduros”… pero extrañamente vacíos. No hay gritos, no hay rupturas, no hay escenas. Todo parece en orden. Y, sin embargo, algo no vibra. Como si la relación estuviera funcionando… pero no viviendo.

Hemos aprendido a identificar lo tóxico con una rapidez admirable. Pero en ese proceso, quizá hemos cometido un error más sutil: empezar a llamar “sano” a todo aquello que no incomoda, que no exige, que no desestabiliza. Como si amar bien fuera, en el fondo, no arriesgar nada. Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿y si en nombre de lo sano… estamos evitando precisamente aquello que hace que un vínculo esté vivo?

La fantasía de la relación sin conflicto

Existe hoy una aspiración silenciosa —pero profundamente extendida—: la de construir relaciones donde todo fluya sin fricción. Donde no haya tensiones, donde todo se resuelva con comunicación clara y límites bien puestos. Una especie de vínculo higiénico. Pero el problema no es aspirar a relaciones menos destructivas. El problema es creer que una relación sin conflicto es una relación lograda.

Sigmund Freud lo planteó sin rodeos: “La vida psíquica está gobernada por conflictos” (Introducción al psicoanálisis, 1917). No hay vínculo humano que no esté atravesado por tensiones. Pretender eliminarlas no es madurez… es negación. El conflicto no es una falla del vínculo. Es parte de su estructura. Es el lugar donde dos mundos se encuentran —y, inevitablemente, chocan. Eliminarlo no hace la relación más sana. La hace más superficial.

El miedo contemporáneo a sentir demasiado

Hoy no sólo tememos sufrir. Tememos sentir intensamente. Hay una especie de alergia a todo aquello que desborde: celos, deseo, dependencia, incertidumbre. Todo lo que antes era parte del drama humano… ahora parece un error a corregir. Martha Nussbaum lo dice con claridad: “Las emociones no son fuerzas irracionales que deban ser erradicadas, sino formas de juicio que expresan lo que valoramos” (Upheavals of Thought, 2001).

Sentir intensamente no es un defecto del vínculo. Es, muchas veces, una señal de que algo importa. Pero hemos aprendido a sospechar de lo que nos mueve. A retirarnos antes de involucrarnos demasiado. A mantener una distancia prudente… incluso del amor. Y en ese intento por no sufrir, terminamos no sintiendo.

Hay relaciones donde nada está mal… pero tampoco está pasando nada.

Vínculos seguros… pero sin eros

Hay relaciones donde todo está bien… excepto el deseo. Donde hay respeto, acuerdos, comunicación… pero no hay tensión, ni juego, ni misterio. Todo es predecible. Todo es correcto. Esther Perel lo formula con precisión: “El amor busca cercanía, pero el deseo necesita distancia” (Mating in Captivity, 2006).

La cultura actual ha privilegiado la seguridad por encima de todo. Y la seguridad es importante. Pero cuando se absolutiza, puede asfixiar aquello que hace que un vínculo esté vivo. El eros no sobrevive en la completa previsibilidad. Necesita espacio, ambigüedad, incluso cierta incomodidad. Una relación perfectamente estable puede ser, también, perfectamente apagada.

La positividad que elimina lo humano

Vivimos en una época que rechaza la negatividad. Todo debe ser sano, funcional, constructivo. Las emociones “negativas” deben gestionarse, regularse, superarse. Como si lo humano pudiera reducirse a una versión optimizada de sí mismo. Byung-Chul Han advierte: “La sociedad del rendimiento elimina la negatividad y, con ella, la posibilidad de la experiencia” (La sociedad del cansancio, 2010).

Pero el amor —como toda experiencia profunda— incluye momentos incómodos: malentendidos, silencios, heridas, contradicciones. No porque esté mal… sino porque es real. Cuando intentamos limpiar el vínculo de todo eso, lo que queda no es una relación más pura… sino más pobre. Más funcional. Menos viva.

El falso self relacional

Hay vínculos que funcionan… porque nadie es realmente quien es. Porque ambos han aprendido a mostrarse en su versión más aceptable, más manejable, más “sana”. Pero eso tiene un costo. Donald Winnicott lo explicó así: “El falso self tiene la función de ocultar y proteger el verdadero self” (El proceso de maduración, 1965).

En muchas relaciones actuales no hay conflicto… porque tampoco hay verdad. Porque lo que se pone en juego no es el sujeto, sino su versión editada. Y claro, eso reduce fricciones. Pero también reduce profundidad. El otro no ama lo que eres. Ama lo que muestras. Y tú, en el fondo, lo sabes.

Volver a lo vivo (aunque incomode)

Quizá necesitamos recuperar algo que hemos intentado evitar: la incomodidad como parte del vínculo. No como violencia, no como destrucción… sino como señal de que algo está en juego. Simone Weil escribió: “La atención es la forma más rara y pura de generosidad” (A la espera de Dios, 1950). Y atender al otro implica, muchas veces, sostener lo que no encaja de inmediato.

Amar no es encontrar a alguien con quien todo fluya sin esfuerzo. Es encontrarse con alguien real… y permanecer ahí, incluso cuando no es sencillo. No todo lo que incomoda es tóxico. Y no todo lo que es cómodo es amor. A veces, lo verdaderamente humano no es lo que nos calma… sino lo que nos mueve.

Reflexión final

¿Tu relación te da paz… o simplemente no te exige nada? ¿Estás evitando conflictos… o evitando implicarte? ¿Lo que tienes es estabilidad… o ausencia de vida?


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Y cuéntame en comentarios: ¿has estado en una relación “sana”… que en el fondo se sentía vacía?

2 respuestas a «Relaciones correctas, emociones muertas»

  1. La actitud correcta no cambia el mundo; y paradójicamente, esto que mencionas, que aparenta madurez, tampoco.

    Muchas mentiras actúa el ser humano antes de desnudarse ante sí mismo, cuánto engaño congenia con ese otro?

    Todo lo que le sigue es escenario y representación.

    El show seguirá hasta que caiga el telón.

    Gracias.

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