El sentido homérico de la vida

«¿Qué sentido tiene la vida para el hombre que vive en medio de males?»

-Ulises (La Odisea)

Queridos(as) lectores(as):

El fin de semana tuve la maravillosa ocasión de reunirme con mis amigos Martín y Pablo. Entre pizza, refresco, cigarro, mi puro de confianza y la tarde agradable para relajarnos, salió el tema sobre el sentido de la vida. Hablamos de Frankl, Nietzsche, Aristóteles, Freud. Pero en un momento de personal reflexión, pensé en traer a la mesa a Homero, específicamente su obra La Odisea. Si bien es un texto que nos habla sobre Ulises/Odiseo y su fantástico viaje, me parece que no es justo sólo contemplarlo como un referente mítico de la Historia de los aqueos. Muy por el contrario, La Odisea es un texto bellísimo que nos invita a un viaje de reflexión, cuestionamiento y descubrimiento. Es por ello que el sentido de la vida es también parte de esta aventura.

Pensar el sentido de la vida puede ser algo «riesgoso» porque caemos en la tentación de compararnos con otros. Creer que lo. que otros hacen nos servirá igual a nosotros es una doble apuesta: triunfo o fracaso. Antes de entrar en lo que es propio de este encuentro, pienso en Aquiles, el valiente guerrero del que se nos habla en la otra obra de Homero, La Iliada, y sobre su participación en la Guerra de Troya. Aquiles, entre sus virtudes y vicios, buscaba que su nombre fuera recordado. Podríamos decir que el sentido de su vida era la noción griega de inmortalidad. Ser recordado, ser reconocido… ¡aquí caminó Aquiles, el de los pies ligeros! Y sí, lo logró. Pero, a pesar de todo, hay quienes no lo conocen. Pobre de Aquiles…

¿Es posible una vida buena para un mortal?

Primero, antes que nada, ¿es posible encontrar respuesta a una pregunta que no se ha hecho? Ahora que pienso en La Odisea, cierto es que como lectores queremos saber qué le sucede a Ulises y a su tripulación, pero lo cierto es que no podemos especular como quisiéramos. Incluso hay quienes se quieren enterar de quién es Ulises y qué es una Odisea. Por eso es que se necesita del viaje para saber qué preguntar. Este subtítulo tiene que ver con una de las preguntas que Ulises se hace a lo largo de la obra, ya que como podemos recordar, el dios Poseidón, celoso y colérico, quiere vengarse del sabio guerrero por sus ofensas, por lo que dispone de muchos obstáculos para que éste no sea capaz de llegar a su hogar tras el retorno de Troya, la isla de Itaca. Sin embargo, es preciso que consideremos dos cosas importantes que serán el «sufrimiento» de nuestro héroe a lo largo de su travesía: el olvido y la muerte.

Paisaje fantástico con la morada de Ulises y Calipso (1625), de Jan Brueghel el Viejo.

Hay que considerar estos dos riesgos desde un punto de vista meramente simbólico, ya que para el mundo griego, el olvido y la muerte lo eran. Pero estos dos temas son muy especiales ya que tienen que ver directamente con la identidad. ¿Quién sería Ulises si llegara a olvidar su hogar, a Telémaco (su hijo), a su amada Penélope? ¿Para qué viajó? ¿Por qué obedeció las órdenes del rey de reyes, Agamenón? ¿Qué le dejó la experiencia troyana? Ahora bien, por el otro lado, la muerte. Tengamos presente que en el Hades (el infierno), los muertos se presentaban sin rostro, eso significa que al morir, todos son iguales porque se pierde la identidad que aporta la diferencia durante la vida. Y Ulises estuvo en constante riesgo de morir a lo largo de su viaje. Ante tanto sufrimiento y desesperación, ¿es posible una vida buena para un simple mortal?

El deseo de Aquiles

Ulises llega a un punto en su viaje en el que se encuentra con una poderosa hechicera de nombre Calipso. Esta mujer fue responsable de buscar tentar a nuestro héroe de abandonar su viaje y quedarse a vivir con ella: de abandonar su sentido de vida. Y Ulises corría los dos riesgos en dicha tentación, ser olvidado/olvidar y morir. Ya no sería el valeroso Ulises, sino el invitado de Calipso. Y aquí entra el deseo de Aquiles en las 2 promesas de Calipso al guerrero sabio: juventud e inmortalidad. Pero, ¿eso es posible? ¿es deseable para Ulises? El deseo de uno no significa el deseo de todos. Al rechazar la oferta de Calipso, nuestro héroe abraza su mortalidad y con ello el sentido trascendental: toda vida, sea buena o mala, es digna, de ser vivida. Aceptar la mortalidad, la finitud, es no preocuparse por cosas que ni sabemos cómo, cuándo ni dónde se dará.

No recuerdo quién nos recordaba en la antigüedad que «los dioses envidian a los hombres porque éstos pueden morir». Ulises, hombre mortal, acepta el miedo, la tristeza, el dolor, pero también la alegría, la emoción, la pasión y la inquietud. ¿En dónde estamos? ¿Qué estamos haciendo? Hay que sabernos parte de nuestra vida y tomar posesión de ella. El poeta griego moderno, Konstantino Kavafis, precisamente escribió un hermoso poema que nos invita a reflexionar sobre nuestro propio viaje a nuestra Itaca. (Si les interesa, aquí les dejo un encuentro en el que hablé sobre ello). Mis queridos(as) lectoras(as), ¿qué les ha dejado, hasta hora, su viaje? Quizá con ello, el sentido de cada uno de nosotros se vaya descubriendo más y más… para volver a descubrirlo.

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