Fragmentos de una vida (2/3)

«Cometer errores graves en la juventud es como desgarrar el vestido que va a usarse toda la vida».

-Honoré de Balzac

Queridos(as) lectores(as):

Es momento de continuar con esta pequeña serie de textos que he escrito para abordar distintos temas que afectan al ser humano y que, a modo de denuncia, espero sirva para que se reflexione y se hagan cosas para evitar seguir repitiendo estos errores. En esta ocasión, abordaremos un relato sobre una joven ficticia, cosas que «ha puesto en su diario» y que, insospechadamente, se volvieron el único lugar donde se podían hablar.

En un mundo esperanzas e irresponsabilidades

Francamente no sé qué les sucede a mis papás. Cuando no es esto, es aquello. Siempre están jode y jode con la forma en la que me visto, la forma en la que me llevo con mis amigas, que si el tipo de la otra noche nada más me quiere por mi cuerpo y que si nada más soy un dolor de cabeza para ellos. ¡Son imposibles! En fin, ¿qué te digo, mi amado diario? Las cosas son así, ya perdí la esperanza que un día cambien. No aguanto más por el día en el que me pueda largar de esta casa y que dejen de estar chingando con eso de «mi casa, mis reglas». ¿¡Es que acaso también estar bajo el cielo es estar bajo su techo!? No entiendo por qué yo soy siempre con quien se descargan, porque con el tonto de Alberto, mi hermano mayor de quien te he contado, no hay nunca nada malo, sabiendo bien que es un patán, un cretino que se la pasa cogiendo con cuantas se le cruzan en el camino, ni va a la universidad y se la pasa todo el día fumando y tomando en casa del depravado de Javi, ese inmamable tipo que se dice su mejor amigo. Y claro, ya sabes que cuando digo «fumando» no me refiero exactamente a cigarro común y corriente. ¡Pero cómo puede ser que el «perfecto» del hijito adorado se puede equivocar! Todavía el cabrón tuvo los huevos de decirle a mi papá que yo había sido la responsable de darle en la madre a su coche y sin pensarlo dos veces a la que jodieron fue a mí. ¡Cómo me tienen harta esta familia de culeros!

Pero bueno, no todo es malo. A veces pienso que lo mejor que puede pasar es que mi novio se arme de valor y me cumpla eso que siempre está mame y mame de «vamos a casarnos y que nunca me va a faltar nada». Pero no, siempre es muy fácil hablar y no llevar nada a la acción. Aunque me he sentido un poco rara últimamente. He tenido ya por varios días fiebre, manchas blancas en la lengua, manchas rojas en los brazos, los ojos irritados, no siento la mínima energía para poder hacer mis cosas… Ya le conté sobre esto a Estefy, dice que tal vez es parte de esos días nuestros. Que no es para tanto, que no me altere. Pero cada día me siento peor. Sobre todo, me duele mucho cuando voy a orinar. Los sudores excesivos en la noche me desesperan. Mi mamá me dice que me tomé unas aspirinas y que le vaya diciendo cómo me siento. Pero lo que más me molesta es que Joel, mi novio, no ha tenido ni la más mínima atención conmigo. ¡Lleva 2 semanas que no me contesta ni el pinche WhatsApp! Iré a dormir…

Pasados unos días, nos encontramos con esta nota en el diario de la chica:

… Joel me acaba de decir que tiene SIDA… Tengo miedo…

En tiempos del «no pasa nada, déjalos, no los vayas a traumar»

¿Se imaginan cuántas veces he escuchado eso en los últimos años? En mi clínica afortunadamente no he tenido un caso así, pero es en verdad alarmante cómo los casos de contagios de enfermedades sexuales van en aumento. Pensando un poco en los últimos años en los que en todo el mundo nos vimos duramente afectados por el COVID-19, cuántas veces no supimos de casos en los que alguien se contagiaba, tenía síntomas y NO DECÍA NADA a los demás con los que convivía. Supe de primera mano de un caso en el que un joven, desesperado por el encierro, en una noche tuvo la oportunidad de escaparse y de irse de fiesta con unos amigos. Después regresó a su casa como si nada y convivió con todos los integrantes de su familia que se habían cuidado lo más para evitar el contagio, ya que por aquellas fechas todavía no existían ni las vacunas. ¿Qué pasó? Ese mes, murieron sus abuelos, sus papás, 2 de sus 5 hermanos, él quedó con un grave y muy delicado problema en los pulmones.

En los últimos años, aquello de las «nuevas crianzas» que se postulan a diario, no faltan «modelos» de educación en los que se sostiene la falsa y peligrosa idea de «no decirle nada a los niños/jóvenes, para evitar que se traumen». Liberar al sujeto de la responsabilidad es un crimen que se comete a nivel personal, familiar y social. El mundo «cada vez va de mal en peor», personas que no se tocan el corazón para dañar y perjudicar a los demás, acciones destructivas que no ameritan castigos. Tiempos en los que «vamos a ver qué podemos hacer», se vuelve la fórmula idónea para lidiar con lo que ya pasó, pero no así para evitarlo. Y sin hacer nada realmente. Cada día la familia se va desmoronando más y más. El primer modelo de política y de orden que conocemos los seres humanos yace en el seno familiar, pero en estos tiempos donde «quedar bien» con los hijos y evitarles regaños y castigos, está costando mucho. En verdad demasiado. Fomentar la irresponsabilidad social tiene costos muy elevados.

Pero, claro, cuando pasa algo malo, vienen los lamentos y las maldiciones sin más…

(ADVERTENCIA: ESTOS FRAGMENTOS HAN SIDO ESCRITOS CON LA INTENCIÓN DE EXPONER SITUACIONES ESPECÍFICAS QUE NO TIENEN COMO TAL PERSONAJES IDENTIFICABLES CON PERSONAS CONOCIDAS. LO QUE AQUÍ SE NARRA ES UNA HISTORIA FICTICIA, NO HAY NADA DISFRAZADO. SÓLO ESTÁ EL DOLOR Y LA IMPOTENCIA DE ALGUNOS QUE NO DEBE SER CALLADA, NI PERMITIDA NI SOLAPADA)

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