«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».
-Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Qué gran contradicción, ¡qué gran oportunidad! Publicado entre 1954 y 1957, Il Gattopardo se convirtió en una auténtica denuncia sobre la tendencia adaptativa del mundo para sostener lo que se tiene.
Un juego de poder en el que las situaciones socio-políticas pretenden determinar los nuevos procedimientos tras revoluciones significativas que «buscan» el cambio. Un cambio superficial de estructuras. La idea es simple: para seguir teniendo lo que se tiene, hay que hacer unos ajustes. Ajustes que muestren a los demás, por lo general a aquellos que buscan cambios reales en el poder, que sí habrá cambio. El discurso político no sirve sino únicamente para convencer mientras se juega con la esperanza de quienes creen en quien lo pronuncia.
Pero, el gatopardismo incluso es una acción que podemos sacar de lo político y llevarlo al ámbito personal. Y no es otra cosa que un autoengaño. Es decir, las personas tienden mucho a hacerse promesas de cambio ante cosas en ellos que no les gustan, que les incomodan o que simplemente los desgastan. Les presento la siguiente anécdota:
C. es una mujer que ha alcanzado los 30 años de edad. Es una mujer estudiosa, preparada, intelectualmente inquieta y muy entregada a su trabajo. Tiene una relación con F., quien se ha mostrado muy dispuesto a aceptar que su futura esposa es así. Sin embargo, eso no evita que haya entre ellos ciertos desencuentros debido a que C. le pone mayor prioridad a sus estudios y a su trabajo que a su relación, esto según F. Por fin un día C. se vuelve consciente de que puede que haya exagerado con sus actividades y que, en efecto, estaba descuidando su relación, por lo que se propone limitarse para poder pasar más tiempo con F.; emocionado por ello, un día él le pregunta a dónde le gustaría ir a pasear, a lo que C. le contesta con mucha ilusión: «Me dijeron que abrieron una librería bellísima al sur de la ciudad, ¿podemos ir?»
Cuando C. propone ir a una librería cuando anteriormente le había prometido a F., tal como a sí misma, limitar sus actividades para dedicarle más tiempo a su relación, ella encontró (inconscientemente, queremos pensar) un modo de pasar más tiempo con F. pero sin dejar de hacer lo que le gustaba. Podemos imaginar qué pasó después de esa sugerencia…
El gatopardismo es algo que tristemente se ha vuelto algo muy habitual, tan es así que la gente está dispuesta a perpetuarlo. Cuando existe la desilusión por el sistema político que rige a un país, la primer propuesta «seria» para sustituirlo y dar algo mejor al pueblo, se vuelve «aire fresco», y hay que respirarlo. El problema es que, con todo y que entendemos que para que las cosas cambien tienen que dejar de ser las mismas cosas, la realidad es que nos cegamos y creamos una fe secularizada para dar paso a salvadores, mismos que antes portaban piel de lobo y que luego se sobrepusieron la de un inocente borreguito.
