«Las cosas de este mundo son tanto más buenas cuanto más sencillas»
-José Luis Martín Descalzo
Queridos(as) lectores(as):
Cada día nos queda más claro que «vivir» se entiende de muchas maneras y entre ellas, hay quienes llegan a confundirlo con «sobrevivir». Es curioso cómo la vida se desarrolla en planos de auténtica complejidad. Y es por eso mismo que se puede tornar muy complejo todo intento de acabar cada día. Trabajos arduos y pesados, estudios que no cesan, preocupaciones económicas, etc. Tanto cargamos día y noche. Aunque me parece interesante cómo es que las resistencias se siguen dando y hay quienes prefieren «sufrir en silencio» que abrirse con los demás. Ni pensamos en la idea de buscar ayuda profesional.
Hace tiempo, compartí con ustedes la Guía (estoica) para la vida, un brevísimo intento para poder asimilar la vida y tratar de hacer que se torne más sencillo el poder vivirla. Precisamente quiero quedarme en esta ocasión con el tema de la sencillez. ¿Qué significa ser sencillo o apostar por la sencillez? Si bien es cierto que hay quienes suelen confundir nociones, tales como pobreza-humildad (cosa que es un gravísimo error), cuando se habla de sencillez también pareciera que no se tiene mucha claridad en ello.
Modo de ser y perspectiva
Sencillez viene de la noción latina singellus. Sin embargo, hay que advertir que en esto encontramos dos desviaciones en tanto a su significado. Por un lado nos orientamos hacia aquello que es simple, sencillo o fácil (como sinónimos), es decir, que no implica una gran dificultad para llevar a cabo. Por el otro, lo atendemos desde una actitud (modestia) que hace que el ser humano actúe sin exagerar, sin soberbia o arrogancia. ¿Pero qué significa, entonces, volver a la sencillez? Muchas veces he escuchado que «hay que ser sencillos con lo que se tiene y aspira a tener», esto pensando en evitar la avaricia. El deseo puede desencadenar en los seres humanos un desesperante recorrido por verse satisfecho. Pero eso en ningún momento garantiza que sea algo bueno, útil, necesario o que esté bien. ¿Qué tanto reflexionamos sobre nuestros deseos?

La sencillez es precisamente una herramienta propia de la prudencia (phrónesis). ¿Por qué quiero lo que quiero? ¿Para qué? ¿En qué me beneficia? ¿Me ayuda realmente? Puede ser un ejercicio muy desgastante preguntarse tantas cosas, pero tiene en realidad un efecto contrario. Pensar y actuar con sencillez nos ayuda a liberarnos de estándares que sólo nos esclavizan, muchas veces incluso al deseo del otro (mímesis). Hay que recordar que la vida es sencilla, sólo que nos encanta hacerla compleja. Esto en referencia a que hay quienes nos obsesionamos con lograr más y más, sin muchas veces realmente conocer nuestros motivos inconscientes para ello. La sencillez, precisamente, nos ayuda a una limpieza interior.
La compleja sencillez
Ante las complicaciones de la vida contemporánea, la sencillez nos hace abrazar la paciencia (y en secreto la prudencia, que no es lo mismo). En el pasado encuentro hablábamos sobre los efectos negativos de la inmediatez en nuestra vida. ¿Por qué queremos todo ya y ahorita? Esto me recuerda un pequeño relato que quiero compartir con ustedes.
Érase un jardinero, quien era conocido por el trato y cuidado que dedicaba a su labor. Éste jardinero tenía dos hijos, quienes querían aprender su oficio. Un día, el padre enfermó y encargó a estos que asistieran a atender a un hombre rico. Eso hicieron. El hombre rico quería que su jardín fuera uno de los más hermosos, por lo que les insistió en que pusieran todo su empeño para lograr tal empresa. El mayor de los hermanos, quien se jactaba de haber aprendido más de su padre, iba y venía por todo el jardín, revisando que todo estuviera simétrico y ordenado. El otro, en cambio, ponía especial atención en cada una de las flores. «Haces demasiado, pero parece que pierdes el tiempo» -le recriminaba constantemente, a lo que el joven jardinero sólo contestaba sonriendo. Llegado el plazo acordado, el hombre rico fue a ver el fruto del trabajo de los jardineros. El hermano mayor, presumía su labor con exageración y gran alarde. Pero el hombre rico le reclamó que aunque todo estaba en orden, las flores y plantas a su cuidado estaban dañadas. Cuando fue el turno de supervisar al hermano menor, el hombre rico quedó maravillado por lo bien que se veían cada una de sus flores y plantas.

Este cuento nos recuerda que quizá la sencillez parezca más compleja, cosa que va más allá de la ironía. Muchas veces, lo más sencillo es lo más nos cuesta hacer. Y eso se debe a un curioso caso de adaptación a la complejidad que hemos tenido a lo largo de los años. «Nos encanta hacernos la vida imposible», se repite una y otra vez. Y sí, así es. Por eso es que la sencillez siempre tiene que ir ligada a la prudencia y a la paciencia. Retomando el tema del tiempo: ¿qué prisa llevamos para disfrutar un momento?
La sencillez, por último, nos ayuda a saber valorar lo que somos y lo que tenemos. Por eso es que la sencillez comienza en el corazón y termina por compartirse con los demás.

«Por eso es que la sencillez comienza en el corazón y termina por compartirse con los demás» Natural la mente lo compartimos..✔️✔️ un abrazo amigo..saludos muy naturales
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Muchas gracias por siempre su generosidad para leer y compartir. Saludos.
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