El tao y el arte de no romperse

“Quien conoce a los demás es sabio; quien se conoce a sí mismo es iluminado. Quien vence a otros es fuerte; quien se vence a sí mismo es poderoso”.

— Lao Tse

Queridos(as) lectores(as):

Vivimos en una época obsesionada con el control. Queremos controlar nuestro tiempo, nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras relaciones, nuestras metas, nuestra productividad e incluso nuestro descanso. Aplicaciones para dormir mejor, cursos para optimizar la eficiencia, métodos para gestionar la ansiedad. Todo parece empujarnos hacia una misma idea implícita: si logras controlar lo suficiente, vivirás bien. Sin embargo, muchas personas descubren algo inquietante. Mientras más intentan dominar cada aspecto de su vida, más ansiedad aparece. Mientras más se exige rendimiento constante, más se instala el agotamiento. Mientras más se busca seguridad absoluta, más frágil se vuelve la mente frente a la incertidumbre.

Curiosamente, hace más de dos mil años, una tradición filosófica nacida en China ofrecía una respuesta muy distinta a este problema. No proponía dominar el mundo ni dominar la mente. Proponía algo aparentemente simple y radical: aprender a fluir con la realidad. Esa tradición es el taoísmo. Aunque se trata de una filosofía espiritual con su propio contexto cultural y religioso, muchas de sus intuiciones contienen observaciones profundamente humanas sobre el equilibrio interior. En este texto no se trata de adoptar el taoísmo como creencia, sino de preguntarnos algo más interesante: ¿qué puede enseñarnos esta antigua sabiduría sobre la salud mental hoy?

El camino que no se puede forzar

El taoísmo surge en China aproximadamente en el siglo VI a.C., en un periodo de conflictos políticos y transformaciones sociales. La tradición atribuye su origen al sabio Lao Tse, autor del Tao Te Ching (s. VI a.C.), un breve libro compuesto por aforismos que han influido durante siglos en la filosofía china. Desde su primer capítulo encontramos una advertencia fascinante: “El Tao que puede ser nombrado no es el Tao eterno” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). Con esta frase, Lao Tse intenta expresar que la realidad última —el principio que ordena el universo— no puede ser capturada completamente por palabras o conceptos.

La palabra Tao suele traducirse como “camino”, pero no se refiere a un sendero moral en sentido estricto. Más bien alude al orden profundo de la naturaleza, al flujo que atraviesa todas las cosas. Para el pensamiento taoísta, la vida no es una guerra permanente contra la realidad. Es un proceso dinámico donde todo cambia, todo se transforma y todo busca equilibrio. En este punto, el taoísmo coincide curiosamente con intuiciones de otras tradiciones filosóficas. El filósofo griego Heráclito observaba algo similar cuando afirmaba que “la armonía invisible es superior a la visible” (Fragmentos, siglo V a.C.). Ambas visiones sugieren que el equilibrio profundo del mundo no siempre es evidente, pero existe.

Wu wei: el arte de actuar sin violencia interior

Uno de los conceptos centrales del taoísmo es el wu wei, una expresión que suele traducirse como “no-acción”. Sin embargo, esta traducción puede resultar engañosa. El wu wei no significa pasividad ni indiferencia. Significa actuar sin forzar el curso natural de las cosas. Lao Tse lo expresa con una frase sencilla: “El sabio actúa sin forzar y enseña sin hablar” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). El punto no es dejar de actuar, sino actuar con una sensibilidad que respete el ritmo de la realidad.

Una de las imágenes favoritas del taoísmo es el agua. El agua es suave, flexible y aparentemente débil. Sin embargo, con el tiempo puede desgastar la piedra. Lao Tse escribe: “Nada hay más suave y débil que el agua, pero nada la supera al vencer lo duro” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). Desde la perspectiva de la salud mental, esta intuición resulta sorprendentemente moderna. Carl Rogers observó algo similar al estudiar los procesos de cambio personal. Como escribió: “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar” (El proceso de convertirse en persona, 1961). La transformación psicológica profunda rara vez ocurre a partir de la violencia interior. Más bien aparece cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos.

“Practica el no-hacer, ocúpate de no intervenir, y todo se ordenará por sí mismo.”
— Lao Tse, Tao Te Ching (siglo VI a.C)

Zhuangzi y la libertad de no tomarse demasiado en serio

Si Lao Tse es el fundador del taoísmo, el filósofo Zhuangzi (siglo IV a.C.) es quien le dio una dimensión más literaria y psicológica. Su obra está llena de relatos y parábolas que exploran la libertad interior del ser humano. Uno de los más famosos cuenta cómo Zhuangzi soñó que era una mariposa. Al despertar se preguntó algo desconcertante: ¿era Zhuangzi quien había soñado ser una mariposa, o una mariposa que soñaba ser Zhuangzi? (Zhuangzi, siglo IV a.C.). Más allá del juego filosófico, el relato apunta a una idea profunda: muchas de las certezas que sostienen nuestra identidad pueden ser más frágiles de lo que imaginamos.

La mente humana suele aferrarse con enorme intensidad a sus pensamientos, preocupaciones e historias personales. El problema es que cuando estas narrativas se vuelven demasiado rígidas, terminan convirtiéndose en una prisión psicológica. El propio Zhuangzi lo expresa de forma provocadora: “El hombre perfecto no tiene yo; el hombre espiritual no tiene mérito; el sabio no busca fama” (Zhuangzi, siglo IV a.C.). Desde la psicología contemporánea encontramos una intuición parecida. Irvin D. Yalom explica que gran parte de la ansiedad humana surge cuando sentimos que las bases de nuestra vida se tambalean. Como escribe: “La ansiedad surge cuando percibimos que las bases de nuestro mundo se desmoronan” (Psicoterapia existencial, 1980). Zhuangzi parecía sugerir algo similar hace más de dos mil años: la libertad interior comienza cuando dejamos de tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos.

El valor del vacío en una mente saturada

Otra idea profundamente sugerente del taoísmo es la importancia del vacío. Para nuestra mentalidad occidental, el vacío suele interpretarse como carencia. Sin embargo, para el pensamiento taoísta el vacío es lo que permite que algo funcione. Lao Tse lo explica con una metáfora simple: “Treinta radios convergen en el centro de una rueda, pero es el vacío del centro lo que permite que el carro avance” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). La enseñanza es sorprendente: lo que no está lleno también tiene un valor. En nuestra época, muchas personas viven con una agenda saturada, una mente saturada y una vida saturada de estímulos. Redes sociales, noticias constantes, exigencias laborales, presión económica. El resultado suele ser una mente incapaz de descansar.

Byung-Chul Han describe este fenómeno con gran claridad: “La sociedad del rendimiento produce sujetos agotados y deprimidos” (La sociedad del cansancio, 2010). El taoísmo propone exactamente lo contrario: aprender a dejar espacios vacíos en la vida. Silencios. Pausas. Momentos donde no se está produciendo ni resolviendo nada. Paradójicamente, esos espacios pueden convertirse en una de las formas más eficaces de cuidar la mente.

Una sabiduría antigua para la salud mental

El taoísmo no es una psicoterapia ni un manual de bienestar moderno. Es una tradición filosófica y espiritual con su propio contexto histórico. Sin embargo, algunas de sus intuiciones resultan extraordinariamente actuales. Primero, nos recuerda que la vida tiene ritmos que no siempre podemos acelerar. Lao Tse lo expresa con una frase sencilla: “La naturaleza no se apresura, y sin embargo todo se cumple” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). Segundo, nos invita a reducir la violencia interior. Muchas personas se hablan a sí mismas con una dureza que jamás usarían con un amigo.

Tercero, nos recuerda que la realidad incluye inevitablemente incertidumbre, cambio y pérdida. Donald Winnicott señalaba algo muy cercano a esta idea cuando escribió: “La vida no consiste en eliminar toda tensión, sino en poder sostenerla sin desmoronarse” (Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, 1965). En cierto sentido, el taoísmo no propone eliminar el sufrimiento, sino aprender a no romperse frente a él.

Reflexión final

Tal vez una de las enseñanzas más valiosas del taoísmo sea esta: no todo en la vida necesita ser dominado para encontrar equilibrio. A veces el problema no es que la vida sea demasiado difícil, sino que intentamos vivirla como si todo dependiera exclusivamente de nuestra fuerza. En una de las frases más bellas del Tao Te Ching, Lao Tse escribe: “Quien se contenta con lo suficiente siempre tendrá suficiente” (Tao Te Ching, siglo VI a.C.). No se trata de renunciar a nuestros proyectos ni de abandonar nuestras responsabilidades. Se trata de recordar que la paz interior no siempre nace del control, sino del equilibrio.

Y ustedes, queridos(as) lectores(as): ¿En qué momentos de su vida han sentido que estaban luchando demasiado contra la realidad? ¿Hay algo que quizá necesiten dejar de forzar? ¿Podría haber más serenidad si, en lugar de resistir todo, aprendieran a fluir un poco más con la vida? A veces cuidar la salud mental no consiste en hacer más, sino en dejar de luchar contra lo inevitable.


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Nos seguimos leyendo…

Sun Wukong y su gran viaje

«Caballeros, como ustedes bien saben y el dicho reza, quien no goza de confianza no puede realizar hazaña alguna«.

-Wu Cheng’en (Viaje al Oeste)

Queridos(as) lectores(as):

La fascinación de los occidentales por todo lo que Oriente ofrece, no es algo nuevo en definitiva. No nace por el manga y anime japonés, el K-Pop coreano, la gastronomía india y mucho menos las ganas de ir a bañar elefantes a Tailandia. La profunda influencia oriental en la vida en Occidente es innegable, y no es para menos, ya que toda cultura enriquece de un modo u otro, cosa que debemos agradecer y valorar. Cuando hablamos de Occidente y la literatura, sabemos que la primer novela moderna fue escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha (1605-1615), sin embargo, esto mismo pasó en China con Viaje al Oeste (西遊记, Xī Yóu Jì, 1592), atribuida al poeta y escritor chino, Wu Cheng’en, durante la dinastía Ming. ¿Habían escuchado de las aventuras del Rey Mono? Quizá sí, quizá no, pero lo que sí estoy más que seguro es que, aunque sea por error, han escuchado de Dragon Ball (ドラゴンボール, Doragon Bōru, 1984-1995), especialmente de Son Gokú. Pues Akira Toriyama, mangaka (artista que crea mangas) japonés, se inspiró en aquellas aventuras para crear a uno de los personajes más queridos en la Historia del manga y del anime.

Y es que Viaje al Oeste tiene mucho que influir en el pensamiento universal gracias a la recopilación de información que el autor hizo respecto al budismo y demás elementos espirituales entre India y China. Hace poco, gracias al estudio chino, Game Science, desarrolló y distribuyó el juego Black Myth: Wukong (黑神话:悟空) el 20 de agosto del 2024 para la consola PlayStation 5 (luego para PC y posteriormente para Xbox Series), logrando que esta legendaria historia llegara para fascinar e interesar a un gran público mundial. Así es, aquí también hablamos de videojuegos, sólo que no haré una reseña de éste en especial, ya que mi interés es compartirles más sobre lo que lo inspiró, pero sí me atrevo a decir que es uno de los mejores que he jugado y que me dejó impresionado en muchos aspectos (¡si pueden, DEBEN jugarlo!).

Viaje al Oeste (1592)

Contexto histórico/mitológico

Viaje al Oeste es considerada una de las 4 grandes novelas tradicionales chinas que se escribieron durante las dinastías Ming y Qing. Las otras 3 son: Romance de los tres reinos (1330), Bandidos del pantano (1373 aprox.) y Sueño en el pabellón rojo (1793). Regresemos. Todo comienza con un viaje a la India por parte de un monje budista, Xuanzang, a sus 16 años en el 629. La intención de su viaje fue la de recopilar textos sagrados y traerlos a China. Todo esto está en Registros de las regiones occidentales (646), que son una recopilación de textos escritos por Banji, discípulo de Xuanzang. Sobre estos, cabe señalar que son un aporte interesantísimo no sólo sobre la cultura budista, sino también sobre las relaciones indochinas, la apreciación demográfica, etc.

Como les comentaba al principio, Viaje al Oeste se le atribuye a Wu Cheng’en, quien inspirado por tan fascinante viaje, modificó el nombre del monje budista a Tang Sanzang. Pero sólo que para su gran aventura, el monje cuenta con la compañía de Zhu Bajie (un cerdo antropomórfico), Shā Wùjìng (un ex general celestial exiliado) y, por supuesto, Sun Wukong (el Rey Mono). Estos «discípulos» tenían la misión de proteger y guiar al monje. Ahora bien, vamos a centrarnos en Sun Wukong y su origen. Según unos estudiosos, Wu Cheng’en se pudo haber inspirado en un personaje de aspecto simiesco de la mitología china, Wu Zhi Qi, así como en el dios hindú, Hanuman, quien tenía cara de simio. El nacimiento de Sun Wukong es curioso: una piedra albergaba un huevo, del cual surgió un pequeño simio (o macaco), con una inteligencia muy peculiar y actitudes que lo hacían ser bastante diferente al resto de su especie.

Black Myth: Wukong (2024)

Resumen literario

Al inicio, en la Montaña del Fruto de la Flor, gracias a sus acciones valientes, fue nombrado por los demás macacos como el Rey Mono. Aquí es donde se pone interesante. Con la capacidad de poder transformarse, grandes habilidades marciales, un báculo sagrado (nyoibo) que podía agrandarse y achicarse según su deseo, fuerza sobrehumana y una nube voladora (kinton), Sun Wukong lo tenía todo. O al menos eso creía. Un día, se hizo consciente sobre la muerte, por lo que quería también poder lidiar con ella. Debido a sus características naturales de simio, entre la picardía y el robo, entre otros «males», cuando fue a la corte del Emperador de Jade, cometió un sinnúmero de acciones que no fueron bien vistas. La que más molestó a los celestiales, sin duda fue su rechazo a la autoridad, pero sobre todo la osadía de equipararse al mismo Emperador de Jade. Aunque logró conseguir la inmortalidad tras comerse unos duraznos (o melocotones) y borrar su nombre del Libro de la Vida y la Muerte, la furia celestial por tales atrevimientos hizo que el mismísimo Buda lo castigara, dejándolo atrapado en una montaña por 500 años. Este castigo duraría hasta que Sun Wukong aprendiera a ser humilde y renunciara a los deseos que sólo lo encaminaran a una vida de sufrimiento (tal como lo pretenden las enseñanzas budistas).

Un día, el monje Tan Sanzang, encontró la montaña donde yacía el Rey Mono, mismo quien entendió que para poder redimirse ante los celestiales, ante Buda, pero sobre todo ante sí mismo, tenía que acompañar y protegerlo en su aventura. Sun Wukong se vuelve el gran aliado de Tan Sanzang, protegiéndolo de muchos espíritus y demonios que se interponían en su misión de recolectar los textos sagrados. Al final del viaje, el Rey Mono es reconocido por los celestiales y nombrado «Buda honorario».

Representación y enseñanzas

Estoy casi seguro que cuando les narraba un poco sobre la parte histórica y la literaria de Viaje al Oeste, muchos de ustedes no pudieron evitar pensar en ciertos personajes de Dragon Ball. Insisto: de esta novela salió la inspiración para Toriyama. Veamos, parece ser que Bulma representaría a Tan Sanzang, aunque también podríamos pensar en el Maestro Roshi. Debido a su forma de comportarse, sobre todo con las mujeres siendo un «cerdo» con ellas, Oolong representaría a Zhu Bajie. Después, tendríamos a Yamcha, quien por sus orígenes «penados» (ladrón) y sus habilidades marciales y con la espada, representa a Shā Wùjìng. Los textos sagrados no serían sino las Esferas del Dragón. Y claro, si a estas alturas la distracción los alejó de lo «evidente», Son Gokú representa a Sun Wukong. ¡Qué cosa!

Dragon Ball (1984-1985)

¿Pero qué nos enseña Viaje al Oeste? Me atrevo a decir que muchos de los que crecimos con Dragon Ball, lo hicimos de manera indirecta y sin saberlo con esta novela china, en tanto que aprendimos muchos valores importantes: el esfuerzo, la disciplina, la humildad, la importancia de los amigos y del trabajo en equipo. ¿Pero realmente eso es lo que nos querían transmitir? La obra está inspirada en el budismo, por lo que muchas de las enseñanzas de Siddharta Gautama, Buda (El Iluminado), precisamente nos llevan hacia la auto cultivación espiritual/religiosa, el autoconocimiento, aprender más y más sobre lo que nos rodea desde lo más pequeño hasta lo más grande, a no dejarnos dominar por las pasiones desordenadas por los deseos que sólo garantizan sufrimiento, etc. Viaje al Oeste no es otra cosa que el viaje hacia uno mismo.

Si tienen la oportunidad de leerlo, creo que sería un verdadero enriquecimiento cultural para ustedes. Hay que entender que el conocimiento humano no debe tener límites culturales. De todo se aprende, pero no podemos hacer de todo algo nuestro. Cada persona tiene sus orígenes y debe sentirse orgulloso de los mismos, se puede aprender de otros, claro que sí, pero no se reemplaza lo propio por lo ajeno nunca. El gran valor del conocimiento es la suma de saberes, nunca el reemplazo.

Ahí está la humildad que Sun Wukong tenía que aprender.