Lo difícil de lo fácil

«En medio de la plenitud del aire y la fertilidad del cielo, parecía que la única tarea de los hombres era vivir y ser felices».

-Albert Camus (La muerte feliz / La mort heureuse)

A Martha.

Queridos(as) lectores(as):

Qué fácil es decir las cosas. Qué sencillo es decir cosas tales como «sufres porque quieres». Qué sencillo es hablar a detalle de la tormenta sin estar siendo empapado por ella. Recordemos que los seres humanos somos testigos privilegiados de la creación. Podemos observar, dejarnos maravillar, aterrarnos, etc. Pero, cuando pasamos al privilegio de la experiencia personal, la realidad es todo lo contrario a lo que tanto presumíamos entender. Lo difícil de lo fácil tiene otro nombre: vivir.

Y es que, ¿acaso no vivir es complicado? Hay quienes afirman que es fácil. Y pues depende del momento, la circunstancia, la época, la geografía, etc. Recuerdo un meme que en cierto modo me da gracia, pero que después de quitarnos la parte cómica caemos en la reflexión trágica. Se trata de unos cuadros donde en cada uno están distintos continentes, y sobre cada uno de ellos, leyendas que hacen referencia a los niveles de dificultad de los videojuegos respecto al modo de vivir en cada uno de ellos. América del Norte (Canadá y EEUU, los demás países no) queda como «fácil», Europa como «normal», Asia «moderado», América del Sur (aunque agregamos a México y demás países caribeños) «difícil» y África «experto». Oceanía ni lo toman en cuenta. Qué fácil… qué sencillo.

Genealogía subjetiva

Cuando nos damos la licencia para opinar sobre la vida de los demás, y no sólo ello, sino que lo hacemos a modo de crítica (muchas veces no constructiva), partimos del absoluto que somos. «Es que deberías hacer esto…», «es que te va mal por esto…», «es que no es posible que sigas cometiendo el mismo error…», etc. En cada una de esas expresiones va un yo incluido. Aunque claro, no debemos descuidar la intencionalidad de ello. En muchos casos, el amor y la preocupación se logran sentir en ello, el problema es cuando el hecho se vuelve creencia, al estilo «te lo digo así porque así creo que debe ser».

Retomando aquello que decía al inicio, «sufres porque quieres», en Psicoanálisis tenemos PROHIBIDO llegar a decir semejante cosa. Quitemos al masoquismo de la ecuación. Nadie sufre porque quiere, aunque tengamos la «idea» de que así es. «Es que cómo no entiendes que esto no es así…», «ahí vas otra vez con tu ex, no entiendes…». Más empatía y más comprensión. Cada uno de nosotros llegamos a repetir algunas cosas que nuestro inconsciente ha guardado. ¿Les suena «infancia es destino»? Si bien es cierto que no podemos caer en el peligroso juego del determinismo, sí tenemos que tener claro que muchas cosas que no trabajamos de nuestra infancia, terminan por ser «condenas» en nuestro presente. Quitarnos el protagonismo de la vida, sobre todo en el de los demás, nos permite que tengamos más oportunidades de aliviar la carga diaria.

Poder abrir la jaula

Ustedes me disculparán, pero tengo mala memoria en este momento en el que estoy escribiendo esto, pero recuerdo brevemente algo sobre una historia de un preso que por alguna razón encuentra a un ave ahí en su celda, misma a la que cuida hasta que está en condiciones de poder volar. Con tristeza, el hombre acepta que no es el destino de su pequeña amiga compartir esa prisión, por lo que decide dejarla libre al sacarla por los barrotes. ¿Qué nos dice este relato? Claro, que existe el amor y la preocupación por el otro, pero muchas veces eso implica renunciar a su compañía. «No entiendo por qué la gente llega y luego se va así sin más de mi vida». ¿Cuántos no hemos pasado por algo así? ¿Qué podemos responder? Algo muy difícil de aceptar: porque se tenían que ir, y los que no, se quisieron quedar. Hay que entender que la vida ajena no está en nuestro control, que el compartir tiene un final. Claro, duele que nos dejen, así como les ha dolido que los dejemos.

El prisionero que deja libre al ave también es una analogía que apunta hacia nosotros mismos. Hay que dejar libre las emociones que nos atormentan más de lo que nos ayudan. Aprender a administrar lo que sentimos de tal manera que ni se vuelva demasiado personal ni que se convierta en una difícil y pesada carga. Tiempo al tiempo. Suceden y sucederán cosas complicadas en la vida de cada uno de nosotros; algunas tendremos el apoyo de algunos, en otras estaremos «solos» enfrentándolas, pero justo de eso se trata, no de quejarse, sino ver qué podemos hacer y salir de ello.

Ya lo decía Frieda Fromm-Reichman: «nadie nos prometió un jardín de rosas». Y a pesar de ello, nos olvidamos que las rosas también tienen espinas. Es un balance, y uno debe aprender a balancearse. A ser. A vivir.

Resistan… que ahí vamos.

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