Queridos(as) lectores(as):
Una disculpa, antes que nada, pues tuve que detener el ritmo de publicación semanal debido a que, para serles sincero, no tenía sobre qué escribir. Y siendo todavía más sincero, no es que me faltaran temas, me faltaban «ganas», «motivación» y «poder soltarme escribiendo». Tal como me ha pasado, esto está siendo muy recurrente en muchas personas; existe una cierta frustración, un deje de inquietud negativa y, por supuesto, desesperación. Vamos a quedarnos con ésto último. La desesperación está haciendo mucho ruido en las personas, ya que el COVID-19 es una pandemia que no sólo nos paraliza en cuestión de salud, sino en el tema laboral y, por ende, en el económico.
¿Qué hago?
Tristemente, muchas personas han perdido sus trabajos y con ello el ingreso necesario para poder vivir aunque sea sin presiones. He leído en varios espacios que el COVID-19 dio una estocada al capitalismo, y aunque en muchos de esos artículos hay una pretensión en demasía exagerada, no podemos negar que en buena parte es cierto: esto no acabará al capitalismo, pero sí lo está modificando. Los trabajos de antes están evolucionando, y es algo bueno, aunque el proceso es lo que está desquiciando a las personas. Claro, no estábamos listos para este evento a nivel mundial, pero hay que reconocer que las raíces de nuestra desesperación no se debieron a esto. ¿Qué llevamos arrastrando?

Si tomamos la definición del filósofo danés, Sören A. Kierkegaard respecto a la desesperación, podemos decir que se trata del «morir sin morir». Definitivamente es una experiencia terrible, una incertidumbre que nos desgarra. ¿Qué hacer? ¿Cómo? ¿Dónde? Tantas preguntas que parece que terminan con otra: ¿y ahora qué? El escenario es nada alentador. Si accedemos a las noticias, pareciera que estamos estancados en un punto en el que sólo hay noticias malas después de otras. Hace unos días un amigo me decía alarmado: «Héctor, no inventes, el coronavirus es algo horrible, y ahora ya hay cepas del mismo, que son más infecciosas. ¡Y ahora resulta que las vacunas no pueden con ellas!». La desesperación es más que evidente.
El tema aquí es que hay un desgarre de nuestra concepción espacio-temporal mientras estamos desesperados. Es decir, usando una jerga moderna psiquiátrica, se genera una ansiedad que nos hace desesperar por algo que todavía no ha pasado y que, en muchas ocasiones, no tiene por qué suceder. Muchos dirán ante eso «qué exagerados», pero es una realidad insoportable que miles de millones de personas están enfrentando a diario.
Afrontar y aceptar
Quisiera compartir algo personal con ustedes. Mi papá tiene 80 años, ya es una persona «entrada en años», que desgraciadamente tiene problemas de salud, tales como la hipertensión y la deficiencia renal. Si bien está controlado y dentro de lo que cabe «está bien», es muy difícil lidiar con algunos eventos que suelen pasar de un día a otro: fatiga, cansancio emocional, el famoso «no tengo nada» cuando parece que tiene de todo, y también la depresión natural que lleva cargando desde hace 5 años que falleció mi mamá. Soy hijo único y me tocó lidiar con esto. Es difícil, más cuando te encuentras en una posición en la que «estás solo» ante una emergencia. Claro que están mis amigos y algunos familiares, pero no están las 24 horas con nosotros, cosa que es perfectamente entendible.

Les comparto esto porque me parece importante que reconozcamos lo que «nos ha tocado vivir», y más en este tiempo de pandemia. Las cosas no son para nada fáciles. Muchos estamos pasando por momentos muy complicados y es perfectamente entendible que nos quedemos atrapados en episodios de desesperación. Pero hay algo que estamos pasando de lado, y es que mientras estamos así, caemos en el auto reproche y en el hacernos menos a nosotros mismos. Eso pasa cuando nos olvidamos que no estamos solos aquí, que las cosas que pasan no dependen al 100% de nosotros. Olvidamos el mundo exterior, las causas y los efectos de las que somos parte de un modo u otro. Nos olvidamos de la vida.
Platicando con mi papá ayer, le decía: «Sí, entiendo que estés desesperado y que te sientas mal por lo que estamos pasando, pero es justo lo que estamos pasando, ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Se puede hacer algo?». La idea de hacerle ver eso es justamente para regresarlo a lo que llaman «el aquí y el ahora». ¿Qué está en nuestras manos en este momento? La desesperación, una vez más, nos plantea posibilidades por lo general negativas y que sólo nos hunden más y más en la depresión. Abrazar la vida es aferrarse al momento y poder observar lo que existe en ello.
Si puedes, ve a terapia
Cuando pasé por un momento muy complicado hace unos años, una amiga muy querida me dijo una cosa que puede no ser «la gran cosa», pero que realmente lo es: «No tienes que poder con todo, ni ahora ni siempre». Hay que recordar que vivimos en una cultura que nos exige demasiado de nosotros mismos, cosa que desgasta y termina por acrecentar los problemas que ya de por sí teníamos. En encuentros anteriores, he dicho una y otra vez que este mundo necesita empatía, amor y ternura. Y es curioso, porque muchas veces buscamos todo eso y no lo encontramos. Nos da miedo incluso expresar esa necesidad, mejor dicho, eso que queremos.

En 2020, la demanda terapéutica creció considerablemente. Y era de esperarse, la desesperación por todo lo que hemos estado viviendo desde entonces tiene que encontrar un modo de expresarse para alivianarnos, para poder tener un poco de calma. Hay que entender que para muchos el ir a terapia es un lujo, pues implica un gasto adicional. Del mismo modo, existen grupos o propuestas que ofrecen atención en salud mental de modo gratuito. Hay opciones. ¿Qué los detiene? Tenemos una ventaja que la pandemia nos ha dado, la posibilidad de tener sesiones en línea, mismas que no le gustan a muchos, pero que hay que ver desde la perspectiva de «es lo que hay», así que habría que aprovecharlo.
En el camino de la desesperación, nunca se está solo, siempre hay quien nos acompañe.
¿Te gustaría comenzar tu análisis?
Te dejo mis datos, quedo a tus órdenes.
55-27092545 (WhastApp México)
Si no eres de México, igual ponte en contacto.
psichchp@gmail.com
